Gestión Sostenible del Agua

Desarrollando cultura del agua

¿Estamos preparados para enfrentar el efecto de los cambios del clima sobre el agua?

Axel C. Dourojeanni Ricordi

Santiago de Chile, octubre 30, 2014

cropped-rio-chancay-huaral.jpg¿Cuáles son las mejores opciones para gestionar el agua cuando la disponibilidad de este recurso está llegando a su límite de disponibilidad? ¿Qué y quien fija el límite? ¿Han evolucionado los sistemas de gestión de agua en forma proporcional al incremento de la complejidad de las intervenciones sobre los sistemas naturales como las cuencas y los ríos? ¿Son conscientes los diferentes actores responsables de las intervenciones sobre las cuencas y el agua de los límites que impone la naturaleza? ¿Están dispuestos a aceptar reglas de juego y normas de intervención para lograr en forma equitativa sus objetivos? ¿Cuánto pueden retardarse las situaciones extremas con una mejor gestión del agua?

La gestión del agua en los límites de disponibilidad es muy compleja. No sólo intervienen aspectos de ingeniería si no también aspectos políticos, legales, económicos, ambientales y sociales. El marco actual en que se desenvuelve la gestión del agua supera largamente las capacidades decisiones de los gestores  del agua públicos y privados: La política exterior de un país, sus políticas de exportación y de atracción de inversiones externas, sus políticas de precios, su capacidad de gestión ambiental, su capacidad de ordenación del territorio,  la forma como redistribuye los ingresos producto de la rentabilidad de exportar recursos naturales; ejercen presión sobre las cuencas y el agua, sobre sus habitantes y sobre el ambiente.

A la fecha se puede afirmar que los sistemas de gestión tanto públicos como privados no están suficientemente preparados para articular todas las intervenciones que se hacen sobre el agua y las cuencas. La gestión integrada del agua requiere tomar decisiones y ejecutar acciones considerando los diferentes enfoques e intereses de cada actor que vive o intervienen en una cuenca o un sistema hídrico compartido.  Son muchos puntos de vista que entran en colisión y a los cuales hay que escuchar, comprender y dar solución tanto técnica como operativa… eso requiere capacidad, mucha capacidad…

El razonamiento más elemental indicaría que sí se aumentan las intervenciones en una cuenca y su sistema hídrico, también debería aumentar proporcionalmente las capacidades de gestión de dichas intervenciones, sobre todo la capacidad de planificar y ordenar la ocupación del territorio y fiscalizar las intervenciones minimizando o compensando los efectos no deseados. ¿Eso se cumple?[1]

En general en Latinoamérica la capacidad de gestión del territorio, de las cuencas y del agua, no ha evolucionado en la misma forma ni ha mantenido el paso del avance de los problemas. Hay ciertamente avances muy importantes con la creación de autoridades autónomas de agua de nivel nacional (Aun eso no se tiene en el Perú cuya autoridad de aguas aún carece de una autonomía similar a la de la CONAGUA de México o la ANA del Brasil, autarquías poderosas aun cuando aparezcan adscritas a los ministerios del ambiente). A nivel de cuenca hay avances en todos los países aun cuando en muy diferentes grados.

Los gobiernos por intermedio de sus autoridades de agua están evidentemente preocupados para gestionar mejor el agua pero en una gran mayoría de casos están aún más enfocados en mejorar los usos sectoriales del agua. Por ello sectorialmente se han logrado avances significativos como el aumento de la cobertura de abastecimiento de agua potable y saneamiento, la generación de hidroenergía, la ampliación de áreas de riego…pero todos estos avances no han sido hechos bajo un enfoque integrado y han generado en consecuencia también situaciones no deseadas. Por ejemplo entre las más conocidas en el Perú son la salinización de tierras de buena calidad ubicados en los valles por el riego de nuevas tierras en las pampas y en laderas.

Para poder coordinar las intervenciones en una cuenca ningún interventor debería pasar por encima de las autoridades de agua sobre todo a nivel de cuenca. Toda acción de intervención sobre el agua o el territorio de cuenca; que puedan afectar los balances hídricos, la calidad del agua y las tierras, las zonas de captación y recarga de agua superficial y subterránea, como los glaciares, zonas y ecosistemas sensibles y cauces y cuerpos de agua; debe ser analizada y orientada, incluyendo el estudio de los efectos acumulados de las mismas. El objetivo es lograr que toda intervención sea sujeto de medidas de mitigación (como el drenaje preventivo en el caso tomado de ejemplo) y compensación de efectos no deseado y en caso de haberse deteriorado el medio ambiente proceder a aplicar medidas de recuperación (drenaje y recuperación de tierras).

La  autoridad de aguas (por eso se denomina autoridad)  debe estar presente para orientar, coordinar o articular  dichas intervenciones,  dar apoyo y estudiar los efectos de las intervenciones y posibles conflictos con el fin de exigir medidas para prevenirlos y evitarlos o mitigarlos o compensar sus efectos…Para hacerlo la autoridad de agua debe poder contar con un plan aprobado en forma participativa  de intervenciones, los protocolos para hacerlo y tener el personal y autoridad para ser respetada. El plan general y los protocolos de acción deben tener valor jurídico para llevarlo a cabo una vez aprobado por los diferentes actores que conforman un consejo de gestión del agua por cuenca.

Es evidente, que en casi todas las cuencas intervenidas es necesaria y urgente la consolidación de capacidades de gestión integrada del agua, y de ordenamiento de usos del territorio, que vayan más allá de los enfoques sectoriales. Eso no se hace solo con un consejo de cuencas o de recursos hídricos por cuenca ya que se debe contar también con un equipo técnico local al servicio de los consejos establecidos.  Los efectos acumulados de las intervenciones de todo tipo sobre el agua y las cuencas ya han dejado profundas cicatrices que generan un costo adicional de remediación.  En el caso citado para el Perú, tomado como ejemplo, las más de 400,000 hectáreas de tierras salinizadas por efecto de expansión de áreas de riego son un ejemplo de carencia de prevención.

Para poder mejorar la gestión de las intervenciones es necesario establecer medidas de gestión proporcionales a la evolución potencial de conflictos por el agua. Hay que evitar que las intervenciones sobre el agua y las cuencas sigan siendo gobernadas solamente por los intereses de cada actor sin previa conciliación con los demás. Actualmente las intervenciones formales en una cuenca pasan por una inspección de impactos ambientales pero la gran mayoría aun no lo hace. Por lo demás es cuestionable que solo un EIA pueda dar cuenta de todas las implicancias de las intervenciones. Ello se ha probado que no es suficiente.

Es necesario por lo tanto disponer de otros instrumentos como el ordenamiento territorial y los planes directores por cuencas así como instrumentos económicos y capacidad de fiscalización de las intervenciones entre otros.  En la práctica es difícil   controlar o guiar todas las intervenciones en una cuenca y sobre el agua, que generan situaciones conflictivas con el medio ambiente y la sociedad y entre productores, por lo que se debe ser selectivo y controlar las de mayor impacto potencial.  Las decisiones de intervención mayor deben ser tomadas y consultadas con los encargados de la gestión del agua. Lo más complejo de controlar ciertamente son las intervenciones que van “expandiéndose” en forma casi solapada, como construcción de pozos y extracción ilegal de agua subterránea, minería informal, los asentamientos humanos en zonas de riesgo, el corte y quema de bosques o los cultivos clandestinos entre otros.

Para poder realizar todas las actividades que demanda una buena gestión del agua se deben contar con los recursos, roles, autoridad necesaria e información. Esto último es esencial ya que no se puede gestionar el agua y las cuencas si no se dispone de información adecuada la que debe ser recopilada en forma continua. Para hacer todo lo necesario una de las necesidades obvias es el de financiamiento adecuado y continuo, no sujeto a decisiones presupuestales del gobierno de turno. Tanto el estado como los usuarios deben aportar suficientes recursos financieros para llevar a cabo las acciones de coordinación, planeamiento, ejecución y fiscalización   de las intervenciones en una cuenca y el agua.  Se sabe por la experiencia que es importante minimizar los desencuentros de interés antes que se conviertan en conflictos mayores.

Con relación al financiamiento, a pesar de lo importante que son,   aun hoy en día, los aportes externos sobre todo por su efecto catalítico, un país no debe depender de donaciones y apoyos de cooperación externa para gestionar el agua. Hay que desarrollar la “cultura nacional de pago por el agua”. Esa cultura debe partir por el usuario hasta el personal del ministerio de finanzas o economía y los congresistas. Se requiere dinero para cubrir los costos de los gastos comunes que demanda tener una buena administración en una cuenca compartida por miles de usuarios: Ello incluye que los usuarios deben contribuir a pagar por las obras hidráulicas construidas por el Estado y entregadas a los usuarios… Para poder cobrar, además de disponer del sistema establecido, hay que generar confianza que el pago que se haga por la gestión del agua y la cuenca y que las retribuciones y pagos que ingresan a control del Estado se reinvierta en forma adecuada en beneficio de la gestión del agua y las cuencas…

Como reflexión final, en estos momentos varias regiones de América Latina sufren de sequías extremas (Región de Coquimbo, Chile) mientras otras están bajo agua (Buenos Aires) y otras tantas áreas de grave deterioro ambiental. Eventos extremos como las sequías son sólo un pequeño adelanto temporal de casos dónde la disponibilidad del recurso hídrico estará al límite y por lo mismo nos ofrece la oportunidad de desarrollar formas para enfrentar sus consecuencias. El cambio de clima ya está presente y afecta el acceso al agua…pero no sé qué es peor: Los efectos de cambio de clima o  los efectos de una mala gestión del agua y de las tierras…!los dos efectos sumados son,  en todo caso,  catastróficos…!

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[1] Lamentablemente en casos como el Perú el caos que se refleja en el medio urbano se expande a nivel de cuenca. No se cumplen las reglas, no se respeta la autoridad que además ha perdido precisamente dicha “autoridad”, en un medio que recurre a  la corrupción y  las influencias  para lograr lo que cada uno le interesa sin pensar en los demás se refleja en las intervenciones en una cuenca y sobre el agua. Esa “cultura” imperante de no cumplimiento de reglas, de que gana el más “vivo”, al margen de la ley y normas… es lo más difícil de enfrentar para mejorar la gestión del agua y las cuencas. Una estrategia para mejorar la gestión del agua debe tomar en consideración esta situación por cuanto lo más importante que puede tener una organización para la gestión del agua a nivel nacional o de cuencas es credibilidad.

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