Perú: Potencia Alimentaria

Autores: Ronald Ancajima Ojeda. Sandra Yanira Alberca Castillo. Elser Cabrera Delgado. Walther Carrasco Delgado. Juan Carlos Chasquero Martínez. Dalí Diaz Hernández. Leny Judith Guerrero Santa Cruz. Joan Enrrique Pardo Pinedo. Dolores Victoria Rimarachin Cayatopa. José Luisdefrain Ruíz Cubas. Yohani Rosely Ruiz Román. Robert Nagkabai Akuts

“El agua es el nuevo oro del siglo XXI. Pero no basta con tenerla, hay que saber gestionarla con justicia y visión.”

En el marco del curso de posgrado en Gestión Integral de Cuencas Hidrográficas, de la Universidad Nacional de Jaén, desarrollamos con los maestrantes una actividad transformadora: un debate nacional sobre el rol del Perú como potencia alimentaria e hídrica en el siglo XXI.

La pregunta central fue simple, pero desafiante:

¿Puede el Perú convertirse en una potencia alimentaria desde sus cuencas?

Las respuestas se agruparon en tres posturas:

  1. Sí, Perú puede serlo.
  2. No, aún no estamos preparados.
  3. Sí, pero solo si se dan ciertas condiciones.

De forma unánime, la tercera opción fue la elegida por los participantes. A partir de esta premisa, iniciamos un ejercicio colectivo para identificar las condiciones habilitadoras que hagan posible ese sueño nacional.

Aquí compartimos, de forma ampliada, los resultados de este ejercicio que invita al país a pensar desde el territorio, desde el agua, desde la gente.

I. Gobernabilidad y Gobernanza Hídrica: la base institucional del cambio

El sueño de un Perú alimentario y justo requiere estructuras sólidas, éticas y participativas. Las condiciones que se identificaron fueron:

  • Elección de autoridades competentes y éticas, con conocimiento técnico y compromiso territorial.
  • Fortalecimiento de la gobernanza hídrica, dando protagonismo real a los Consejos de Recursos Hídricos de Cuenca (CRHC).
  • Identificación y formación de líderes en campo, que actúen como puentes entre el conocimiento técnico y la sabiduría local.
  • Erradicación de la corrupción mediante vigilancia social y sanciones ejemplares.
  • Alianzas internacionales estratégicas, aprendiendo de países como Israel o China, pero siempre desde una lógica de reciprocidad y soberanía.

II. Tecnología e Innovación: una agricultura del siglo XXI

Los maestrantes coincidieron en que el salto tecnológico debe ser equitativo, adaptado al territorio y democratizado.

  • Desarrollo de bases de datos geoespaciales de productores.
  • Promoción de tecnologías como riego tecnificado, estaciones agroclimáticas, sensores e IoT para el monitoreo del agua.
  • Apoyo a la industrialización descentralizada: secado, liofilización, conservación natural y transformación primaria de alimentos.
  • Fomento de la producción orgánica y agroecológica, disminuyendo el uso de químicos y mejorando la salud del suelo.

III. Economía y financiamiento sostenible: sembrar inversión, cosechar desarrollo

Un país alimentario requiere inversión sostenible, focalizada y con impacto:

  • Zonificación agroecológica productiva: producir lo adecuado en el lugar adecuado.
  • Acceso a financiamiento climático (Fondo Verde, GEF) y capital privado ético.
  • Incentivos para el agricultor andino: subsidios a tecnologías eficientes, créditos blandos, obras por impuestos enfocadas en el agro.
  • Fortalecimiento de cadenas de valor integrales, desde la semilla hasta la comercialización, con trazabilidad e inclusión de pequeños productores.
  • Proyectos de afianzamiento hídrico, cubriendo las zonas altoandinas con presas hidráulicas, tal como lo hicieron hacen 100 años visionarios de Chancay-Huaral, o hace 800 años nuestros antepasados de Jimbe del Perú en Ancash.

IV. Mercado y Comercialización: sin mercado, no hay agricultura sostenible

Se enfatizó que la agricultura debe ir acompañada de mercados justos, abiertos y sostenibles:

  • Realizar estudios de mercado regionales e internacionales para diversificar productos y destinos.
  • Participación activa en ferias como Expo Amazónica, BioFeria o Mistura.
  • Proyectos de impacto que llamen la atención de los tomadores de decisiones e inversionistas.

V. Compromiso social y humano: la ruralidad como motor de cambio

No se construye seguridad alimentaria sin dignidad rural.

  • Salarios justos para trabajadores agrícolas.
  • Fortalecimiento del rol de profesionales de campo, que acompañen procesos y no solo los supervisen.
  • Promoción de educación rural de calidad, con énfasis en agro, liderazgo y conservación.
  • Visibilización de la mujer rural, la juventud agricultora y los saberes campesinos como pilares del nuevo desarrollo.

VI. Ciencia, Investigación y Educación: sin conocimiento no hay transformación

El conocimiento fue resaltado como activo estratégico para el país:

  • Inversión pública y privada en investigación agrícola, climática y tecnológica.
  • Centros de innovación en regiones: “parques de conocimiento agrario” conectados a las universidades públicas.
  • Educación dual: aprender haciendo en el territorio, como forma de enseñanza.

Conclusión: ¿Potencia alimentaria? Sí, pero con justicia

El Perú sí puede convertirse en una potencia alimentaria, pero solo si transforma profundamente su forma de gestionar los recursos hídricos, la tierra, la tecnología y el conocimiento.

Este sueño no se construye con discursos, sino con acciones.

En palabras de uno de los maestrantes:

“No estamos formando técnicos. Estamos formando guardianes de cuencas, arquitectos de futuro, líderes del agua. La cuenca nos espera. La historia nos necesita. Y el Perú nos reclama.”

Desde GSAGUA, renovamos nuestro compromiso

Desde Gestión Sostenible del Agua (GSAGUA), impulsamos una visión de país desde las cuencas, construida con conocimiento técnico, identidad territorial, sabiduría ancestral y participación social.

Invitamos a universidades, gobiernos locales, comunidades y cooperantes a hacer del agua y de la alimentación una causa nacional compartida.

Perú sí puede. Y todo empieza en la cuenca.

Jóvenes profesionales de los recursos hídricos, este es su momento. No han nacido en un país pobre, sino en un país empobrecido por siglos de despojo, pero lleno de potencial.

No acepten que somos “en vías de desarrollo”; somos una civilización en recuperación de su esplendor.